-Hoy me ha vuelto a hablar, después de tanto. Todos me dicen lo mismo; que no le hable. que me aleje de ella... - Álvaro, ¿yo que te voy a decir? Si estoy deseando que mi pasado vuelva. No puedo decirte que lo ignores, sólo que hagas lo que te apetezca. No te voy a decir que escuches a la cabeza, porque ni yo lo haría. Pero sabría que nada sería como antes y que quizás es mejor no volver a caer, pero lo he esperado tanto que si volviera, lo aprovecharía. Aunque volviera por un día, una hora, un minuto... Lo haría. -¿Ves? Eres la única que me entiende. - Por que soy sincera conmigo misma y no me engaño. Veo mi realidad y mi realidad ahora mismo es similar a la tuya. Nuestro pasado es nuestra debilidad. Y por pasado entendamos: Esa persona.
Me llaman Laura y lo sé, no soy femenina. No soy de esas chicas que se maquillan, se ponen falda y tacones y se van a la discoteca, ven la tele y toman café. Tampoco leo revistas ni tengo el coche de papi en la puerta. Voy a la facultad en chándal y con un moño recogido con un boli, cómo la que se acaba de levantar de la cama. En invierno voy con el pijama calentito debajo de la ropa y pienso que el 'smile' no le queda bien a nadie. Tampoco me paso el día hablando de chicos con mis amigas. Es más, no tengo amigas. Mi mejores amigos son 6 tíos. No sé, siempre me he llevado mejor con ese género y me siento como uno más de ellos. Dormimos juntos, eructo mientras me arrasco el culo y bebo a morro de la botella. También me tiro pedos y hago carreras de coches. No me peino, me dan asco las uñas de porcelana y me encanta vaguear en el sofá, los pitis para sobrellevar las rayadas y dormir en calzoncillos. Tengo 1 par de botas de trekking que siempre llevo puestas y en mi foto de perfil de Facebook salgo en pijama, nada de fotos saliendo de fiesta postureando intentando hacer creer a mis 500 'Amigos' que tengo una vida social desbordante y que molo. Uso ropa ancha y odio la lencería fina. No hace falta ponerse ese encaje que pica para PARECER sexy.
Pasarme la tarde entera picada a la pley comiendo frutos secos y bebiendo Nestea o estar tirada en el césped en el parque es lo mejor que me pueden proponer. Me gusta ir en bici a todas partes. Dicen que se suda, pero luego te queda un culo monísimo sin necesidad de gastarte 40€ al mes en el gym y sin dietas estúpidas. Como todo en cuanto se me antoja engullendo como una cerda y, aunque no tenga un vientre plano, al menos mi encefalograma tampoco lo es. No quiero enamorar a nadie, pero una vez rompí un pantalón de pana. Y acabo este discurso con un QUE OS DEN bien duro, pues es lo que todos queremos :) ¿Feliz lunes?
Salgo de casa, dirección Pio XII. Es una tardenoche de viernes más. Madreselva. Cruz Roja. El semáforo que tanto odio. Recambios SUTIL, San Julián. Duque Cornejo. Bajo por San Luis, con Linkin Park sonando. En San Marcos, giro a la derecha para Castellar, buscando ya alguna cara conocida. Espíritu Santo. San Juan de la Palma. Regina. Suena otra canción de los Linkin. Cuando llego a las setas La Provenzal rebosa de tiesos. Sigo buscando caras conocidas hasta que llego a La Alameda. Allí en un banco, con sus litros, ellos 3. No necesito más. Es una tardenoche de viernes más, como otra cualquiera. Pero siempre diferente. Siempre pasa algo que merece la pena recordar.
Siempre es levemente siniestro volver a lugares que han sido testigos de un momento relevante en tu vida. Siempre he pensado que todas personas tenemos un lugar especial al que vamos en busca de tranquilidad, de inspiración, porque te recuerda a algo o alguien o simplemente para pensar o tomar decisiones. Y es en ese sitio donde, sin saber porqué, encontramos todo eso. Quizás por lo que allí sucedió en su momento. Mi "rincón de pensar" no es más que una acequia en medio del campo, donde mis pensamientos, curiosamente, toman otra forma.
Toda la vida he escuchado que el batir de alas de una mariposa puede provocar un huracán. Lo que nunca me dijeron es que un mensaje suyo puede mover los cimientos de mi tranquilidad, haciéndome perder la cordura en un segundo cuando veo parpadear la lucecita morada de mi teléfono móvil, deseando que sea un mensaje de él, de Billi.
Siempre me he preguntado por qué existen esos malditos días en los que nadie está para ti y tú para todo el mundo. Te viste y sales a la calle huyendo de estar entre las 4 paredes de tu casa. Por la calle Tetuán mareas de seres humanos contribuyen al capitalismo del que tú también eres preso. Miles de caras pasan por tu lado. Miles de pensamientos que no puedes escuchar. Avanzas por las calles esquivando a la marabunta al son de la música que suena en tus oídos. Días vacíos. Esa es la palabra: Vacío. Y así van pasando los días de mi vida. Sin que pase algo que merezca la pena recordar. Rodeada de miles de personas que no conozco ni conoceré nunca.
Irnos lejos, muy lejos. A tierras celtas, donde sólo se escuche la hierba crecer. Dónde sólo haya verde, verde y más verde. Dónde en las calles se escuche la melodía de una gaita. Dónde una fina lluvia refresque nuestro paseo. Ahí es a donde quiero ir.